Poesía
   
   
   
   
   
 
zorraS
Qassim Haddad
(Bahrain)

traducidos al español: Laroussi Haidar

Las zorras, en la traición del recibidor, se sientan y ofrecen refugio al desertor, al vagabundo y al extraño. Yo recorro el ardor del deseo y la encarnación de los humores corporales para que esté segura de mis atributos la reina de la noche. Una espera confusa en la soledad del oro y en el colofón de los sueños, mas el aburrimiento no alcanzará mis instrumentos. Las zorras son el anhelo de los cardiópatas y el paraíso del solitario. Se dijo que soy el emisario de los yugos para el paraíso del cuerpo; se mezclan en mis entrañas la fetua del ataque y la ley de la huída; azafrán errante en el puchero del amor, me hice pasar por lobo y en mi cuerpo se hicieron pedazos los animales del bosque; las sirvientas acuden a mi alcoba en la madrugada de cada texto; etéreas en los sueños adornan mis pesadillas. Me cercioré de su seducción mas ¿quién osa evitar el deseo de las licántropas? He sido impertinente con su jugo oculto y he encendido con su nevada el escondite de las mujeres respetables; me revolqué en la espera de los gérmenes que se reproducen en el barro de Dios como hongos heroicos.

Yo era el pie descalzo; yo era la astilla del corazón rabioso, era el clavo de la puerta extraviado de la flor del pecho, era la pregunta eléctrica, el sollozo del abecedario, la herencia de los libros, era la dificultad del pan para la familia, el hierro que deshonra la noche, el marfil de la castidad temeroso de la blasfemia; era la pasión ligera, el amuleto y el silencio de la gente; era el apacible, el salvaje y el doméstico, era el sueño en su noche de éter. Yo, me protegía de la garra con el colmillo, encendía el candil de la casa para que no fallara la sorpresa del amigo, lustraba mis dos muñecas con el metal de la cautela; inquietaba a la vigilancia del enemigo, me frotaba el talón contra la piel del caballo, escogía la garganta para el filo del cuchillo; caminaba sobre lo pegajoso, fluido, colgante y tembloroso, me encendía en la paja y sembraba en la sal; levantaba mis pies de una red y los colocaba en una trampa, y me trasladaba, me escondía, me intercambiaba, me transformaba, me las ingeniaba, me salvaba; moría, mejoraba, me convulsionaba, me sofocaba; devoraba, perecía, manifestaba, era arrastrado, me perpetuaba, enfermaba, me restablecía; me curaba, me camuflaba, me mostraba, me oscurecía, me esclarecía, me mudaba, me avergonzaba; fornicaba, desfloraba, desvirgaba, me convertía en semental, volvía en mí, me asociaba, me separaba, me rompía en pedazos, me presentaba, me aislaba, me desplomaba, me arriesgaba; tenía miedo, aullaba, lobeaba, me amansaba, me espantaba, me confinaba, pedía ayuda; manifestaba, me lamentaba, sollozaba, gritaba, chillaba, lloraba, desvariaba; desvariaba, golpeaba, guerreaba, me dañaba y entonces gritaba; era arrebatado, me dañaba y entonces gritaba, desvariaba y me dañaba, desvariaba, me dañaba, desvariaba, me dañaba y me dañaba, me dañaba, dañaba, dañaba...

Y heme aquí contando cachorros y acariciándolos imaginándome que son mis triunfos.
Las zorras riñéndose se identifican con la castidad y anuncian una calma que alarma al corazón y, así, los caminantes se vuelven locos por ellas. Entre éstas y los animales existe la sospecha de los domesticados y la pasión por el lujo.
Me alcanzó lo que muerde al lobo en presencia de la reina:

pasmo en las arterias
alegría en la cámara de la memoria
y una posesión como hechizo que se lleva a la víctima.

Quién permanece en la cama de una ninfómana mientras ella recorre la distancia entre el dormir y el poder; quién es el intransigente de cuerpo valiente y camino brillante que ataca y es seducido, que se une al errante como el agua del horizonte se une al azogue del espejismo. Coloqué los miembros de mi cuerpo en el placer feroz y me transformé en garras creyendo que eran la seda. Fui al frente del batallón de caballería para ganar la Rosa de la Reina y las zorras serviles ponían en libertad sus espejos tras de mí mientras yo forzaba el cerco armado hasta los dientes con los sentimientos de los muertos y la embajadora de los lobos me elegía concediendo al metal la pasión del disparo y del proyectil. Un tipo como yo, con quien se aislaron los libros y de quien se enamoró locamente la locura, no se salva de la traición del recibidor desbordado de noche. Me persiguió el guardián del Creador desde el primer libro, desde los pabellones de las oscuras bibliotecas, desde las habitaciones cerradas, desde las criaturas de mayor belleza, hosquedad y ofensiva, desde la silla y la mesa, desde el agua en su lugar natural, desde el nevoso febrero, desde el último agosto, desde la entrevista aplazada, desde las zorras, desde los amigos, desde los confines de una mujer en su espera, desde la puerta de la aventura, desde el suspiro del pecho, del tigre y de la somnolencia de los dioses por los fragmentos proyectados por asustados pies, desde el sueño, la muerte y las pesadillas, desde el corazón y el Día de la Resurrección, desde la forma del habla, desde el siervo de los esclavos, desde el sexo en las células, desde el hierro y el oro, desde la ira del delirio, desde el solitario solo, desde que deliré y acabé, desde que se me concedió el amor y tomé lo que deseaba.

Me persiguieron el Creador y la criatura hasta que llegué con los músculos agotados y desbordante de angustia, colocando mi cuerpo en el balcón de la horca y descubriendo que a lo largo de esta noche no llegaría más lejos que una vida llena de lácteos. Las zorras, sirvientas de la loba regia, las zorras esplendorosas de bello aspecto entran donde estoy y moran conmigo; me asustan, toman mi corazón como desayuno engañado por ellas con sus velos de piel de oro y, entonces, las tomo por candiles de la velada y botellas de vinos nobles que regala a mi cuerpo el guardián del vino y portero de la habitación real.

No tendré más remedio que creer en la noche de los turnos para que sumerja mis cuatro humores en la tensión del arco. Me mofo de la aventura de las abejas y elogio al suspiro de la miel.

Por qué sólo ahora abrís ante mí los libros y os precipitáis hacia mí como si yo fuese el único muerto retirado en presencia de la sangre. Un olor puro asciende desde el quermés del alma cada vez que se pulveriza el fango de los procesos jurídicos; erigís vuestros jueces y vuestros tribunales venerados y yo desde el decreto real finalizo mi sarcasmo.

No estáis menos inmersos en la sangre. Yo soy quien ofreció su cuerpo al deleite de la revelación y lo anunció en voz alta como si imitase la locura de la culminación; tejíais trampas en la oscuridad del recibidor y empujabais a mis descendientes hacia una noche cuyos muebles son de melancolía, donde la fosa no da para más de un solo cadáver y un féretro galopante en su lecho último. La desconfianza me hizo huir del sollozo de los antropófagos.

Ahora, acudís para ofrecer vuestras oraciones fúnebres.
Ahora, percibís las ruinas de mi sangre y proferís a mi cadáver el himno de la ruindad.
Ahora, designáis un puerto para cada mujer navegante y preparáis mis sueños para vuestros insectos de cobre.

Ahora.
¿Cómo salvaréis al funeral con el metal de la degollación? Esquiváis el fuego de las naves, esperando, acechadas por los tiburones que saltan, saltan y vigilan las costas.
Se me dijo en un viaje: te enseñamos el ahogo antes que el mar.
Yo chapoteaba en el azogue del sueño, miraba hacia el mar, lo abandonaba para volver a él con la ilusión de la excursión.

Oración fúnebre representada,
y mientras, os amontonáis en la inocencia de los zorros y la fanfarronería de las hienas.
No soy más que una visión errante.
Me obstiné en tomar la apariencia del adivino ciego. En este momento os viene bien libraros de la voz de los cementerios. Brilláis merced a las pesadillas y calamidades que inundaron mi cuerpo de lágrimas durante toda la noche.
Os ha llegado la hora de ascender con la vista más y más.
Salgo de las estepas en un rebaño de antílopes anunciando que son mis venganzas.
Me aparto de vosotros como el súbdito que pierde a su rey sin ningún arrepentimiento.

Extracto de La tumba de Kassim (1997)

Qassim Haddad

Datos personales y obra.

Qassin Hadad nace en 1948 en Bahrein. Es miembro fundador de la Asociación de Escritores de Bahrein establecida en 1969; miembro de “Teatro Awal” en Bahrein. Miembro del comité editorial de la revista literaria “Kalemat” que publica la Asociación de escritores de Bahrein. Miembro honorífico de la asociación de escritores de Jordania. Colabora con periódicos y revistas árabes con crítica y ensayo. Muchos de sus poemas han sido traducidos al español, inglés, francés, alemán e italiano. Participa en Simposia Internacionales y Conferencias.
Página en Internet:

He Winner of Al Owais award of the most prestigious literary award in the Arab world .best poetry award for his interest in human issues and his creativity, whose his poems represent a model of the contemporary creativeness which started to develop in the Gulf region in the last quarter of the 20th centuries

Libros de poesía:

“Buen presagio”, Beirut, 1970; “Éxodo de la cabeza de Hussain de las ciudades traidoras”, Beirut, 1972; “La Segunda Sangre”, Beirut, 1975; “Corazón de amor”, Bahrein, 1980; “Resurección”, Beirut, 1982; “Detalles”, Beirut, 1982; “Astillas”, Beirut, 1983; “Paseos cautelosos con Ibexes”, Bahrein, 1986; “Alnnahrawan”, Bahrein, 1988; “Solicitud de la Reina”, Bahrein, 1992; “La tumba de Qassim, Bahrein, 1997.

Libros en prosa:

Los pechos (con Amin Salih), Marruecos, 1989.
Crítica de esperanza, Beirut, 1995.
La Historia de Majnoon Layla , Londres/Bahrein, 1996.
No de este lado, no del otro, Kuwait, 1997.
Teatro en Bahrein, Experiencia y Horizonte, Bahein, 1980.

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